POEMA DE MEDIA HORA
Llego de almorzar en mi casa, son las ventajas de vivir cerca de la oficina. La oficina, si.
Trabajo como cualquiera para vivir medianamente decente e impulsar la iniciativa de mis abuelos de ser una clase emergente. Y si que teníamos que emerger.
Será por esa razón que siempre cuidó con quien nos relacionábamos, si eran pretendientes, tenían que pasar por cuánta prueba se les ocurriera a las tías. He allí la razón por la que a los treinta aún no conocíamos el mundo y nos hirieron.
Pero no es para confundirse. Hemos vivido!
Hemos hecho cosas locas y hemos disfrutado de libertad, claro no sin la dosis de drama correspondiente, por no salir de casa bien casadas, de la mano del hombre ideal, con un lujoso vestido blanco que tapara con su brillo la deshonra disfrazada de niña buena, pulcra y correcta.
Bueno, esa que ya no soy.
Allí estoy yo, miembro no tan sacra y reputada como mi familia esperó que fuera, aunque algunas personas dirían que el segundo adjetivo me queda muy bien. Por ejemplo, para la esposa de un hombre que tal vez amé.
Lo primero que debo decir, es que no sabía que tenia esposa (así se llama así misma, pero en realidad es una unión marital de hecho no declarada legalmente). Sobre esto, se trata el poema que voy a escribir, ya que faltan 30 minutos para iniciar de nuevo la jornada laboral pensaré en ella y diré:
Cuando vi al hombre que ahora reclamas como tu marido, vi un hombre solo, decaído que decía tener el corazón roto y por eso, ir por la vida como un vagabundo. Nunca supe de tu existencia, jamás supe que era tu pareja, el hombre de tu vida.
Aunque estas demente y envías el álbum con los mejores momentos que han vivido juntos, tengo que decir, que no me produce envidia las carcajadas con las que ríes de felicidad a su lado. Tan falso es el amor que siente por ti como el que dijo sentir por mi.
Si en tu mano izquierda puso una alianza, no creas que me duele, quien desea las promesas de alguien que miente sin control, en qué cabeza desordenada cabe la idea de pasar el resto del a vida junto a un ser así. No, no, no señora, no estas mejor que yo. Pero tampoco me alegra.
Miro con desdén a ese que daña tu vida con falsedades, mientras se escurre por la vida de otras mujeres tratando de escapar de ti. No creas que alguien puede envidiarte, no seas tan ingenua.
Pero lo tienes a tus pies, él está a tu lado.
Entonces ganaste? Si.
Claro que ganaste! Felicidades!
Lo tienes, un mitómano inmaduro, con pocas gónadas como para decirte que te engaña. En vez de eso te consuela con migajas de afecto que reparte equitativamente a sus amantes.
En fin. No creas que presumir tu maravillosa vida nos afecta, aquí, como espectadora de tu circo magistral, solo deseo que dejes de compararte con nosotras, quienes sentadas en nuestro escritorio, trabajamos fuertemente para salir adelante sin la dependencia a un hombre; tenemos un proyecto de vida con nuestro nombre, y no como tú, que tu proyecto de vida es un hombre.
Logras ver la diferencia?
Trabajo como cualquiera para vivir medianamente decente e impulsar la iniciativa de mis abuelos de ser una clase emergente. Y si que teníamos que emerger.
Será por esa razón que siempre cuidó con quien nos relacionábamos, si eran pretendientes, tenían que pasar por cuánta prueba se les ocurriera a las tías. He allí la razón por la que a los treinta aún no conocíamos el mundo y nos hirieron.
Pero no es para confundirse. Hemos vivido!
Hemos hecho cosas locas y hemos disfrutado de libertad, claro no sin la dosis de drama correspondiente, por no salir de casa bien casadas, de la mano del hombre ideal, con un lujoso vestido blanco que tapara con su brillo la deshonra disfrazada de niña buena, pulcra y correcta.
Bueno, esa que ya no soy.
Allí estoy yo, miembro no tan sacra y reputada como mi familia esperó que fuera, aunque algunas personas dirían que el segundo adjetivo me queda muy bien. Por ejemplo, para la esposa de un hombre que tal vez amé.
Lo primero que debo decir, es que no sabía que tenia esposa (así se llama así misma, pero en realidad es una unión marital de hecho no declarada legalmente). Sobre esto, se trata el poema que voy a escribir, ya que faltan 30 minutos para iniciar de nuevo la jornada laboral pensaré en ella y diré:
Cuando vi al hombre que ahora reclamas como tu marido, vi un hombre solo, decaído que decía tener el corazón roto y por eso, ir por la vida como un vagabundo. Nunca supe de tu existencia, jamás supe que era tu pareja, el hombre de tu vida.
Aunque estas demente y envías el álbum con los mejores momentos que han vivido juntos, tengo que decir, que no me produce envidia las carcajadas con las que ríes de felicidad a su lado. Tan falso es el amor que siente por ti como el que dijo sentir por mi.
Si en tu mano izquierda puso una alianza, no creas que me duele, quien desea las promesas de alguien que miente sin control, en qué cabeza desordenada cabe la idea de pasar el resto del a vida junto a un ser así. No, no, no señora, no estas mejor que yo. Pero tampoco me alegra.
Miro con desdén a ese que daña tu vida con falsedades, mientras se escurre por la vida de otras mujeres tratando de escapar de ti. No creas que alguien puede envidiarte, no seas tan ingenua.
Pero lo tienes a tus pies, él está a tu lado.
Entonces ganaste? Si.
Claro que ganaste! Felicidades!
Lo tienes, un mitómano inmaduro, con pocas gónadas como para decirte que te engaña. En vez de eso te consuela con migajas de afecto que reparte equitativamente a sus amantes.
En fin. No creas que presumir tu maravillosa vida nos afecta, aquí, como espectadora de tu circo magistral, solo deseo que dejes de compararte con nosotras, quienes sentadas en nuestro escritorio, trabajamos fuertemente para salir adelante sin la dependencia a un hombre; tenemos un proyecto de vida con nuestro nombre, y no como tú, que tu proyecto de vida es un hombre.
Logras ver la diferencia?
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