LOS MELANCÓLICOS NO DEBERÍAN ENAMORARSE

Los melancólicos no deberían enamorarse. Y es que siempre les toca la peor parte, sencillamente porque ellos hacen lo que no se debe hacer ENAMORARSE!!!
Esto lo digo porque alguna vez, tuve una fuerte influencia de personas interesadas en dirigirme de alguna forma hacia "el conocimiento de uno mismo"; me sugirieron lecturas y reflexiones sobre cierta división de personalidades por temperamentos, entre los cuales está el famoso MELANCÓLICO.

Pues, de este dicen que es el más débil, sombrío y depresivo (yo agregaría suicida). Emotivamente frágil, fiel, perceptivo, idealista… en fin… les toca a ustedes averiguar que mas. Sí, porque lo que quiero resaltar es por qué no deben enamorarse estos condenados a los deseos perdidos, que se entregan hasta quedar secos e inservibles.

Mis queridos MELACÓLICOS se pueden llegar a morir de amor. Sufren el amor celosamente, conquistan con aquella simpatía que produce el no hacer nada, tímidos e inseguros hasta el cansancio, esclavos a merced del perfeccionismo. Tienen un inmenso potencial, pero ellos mismos son sus más implacables verdugos, condenan hacen juicios, pero cuando alguno alcanza a entrar en su corazón (que realmente es muy sencillo), es tan amado como el emisor mismo desea serlo.

Que delicia ser el amado de un tierno y perseverante MELANCÓLICO, siempre atendido, querido, aceptado, simplemente porque es la forma de amar que conocen. Son tan apasionados y sinceros…

Pero qué triste ser el emisor de este amor cuando no es correspondido, como generalmente pasa a los protagonistas de este escrito; por eso se les ve escribiendo poemas de amores fallidos o no, componiendo canciones y melodías que exfolien todo el dolor que les ha causado la vida y el desafortunado sentimiento; concentrados en su labor cotidiana para escapar de su profunda soledad.

La soledad, viene a ser su única compañía, el llanto su melodía más perfecta y el amor recíproco… el tesoro mejor guardado. Son serios y desean aventuras interminables, pero no son buenos para tomar riesgos y abrirse a las personas, hacerlo es un gran esfuerzo, necesario esfuerzo, que les ayudará a sobrevivir.

Pero si sobreviven, no es precisamente por arriesgados, sobreviven por instinto, y de estos muy pocos son felices, y esta infelicidad es su mayor condena y sentencia; la felicidad es un lujo que pocos de los MELANCÓLICOS hallan.

Por eso son tan difíciles de amar (para algunas personas), y su destino interminable ha de ser la soltería, al menos mientras encuentran el príncipe o princesa azul inexistente, y que no se cansan de esperar.

Y aunque parezca cruel lo que digo, nada puede ser tachado de falso porque en mi propia piel llevo escrita esta historia, amén a los pronósticos expuestos, tengo que confesar que yo misma padezco estas angustias. Los MELANCÓLICOS vivimos tratando de ocultar aquella hostilidad que nos genera el desencanto, la imposibilidad de escuchar un TE AMO tan genuino como el que invocamos.

Sentimos todo, nos duele todo y a estas alturas concluyo que en nuestro estado, NO DERERÍAMOS ENAMORARNOS!! Para qué? Esa búsqueda constante por conseguir alegría se trunca al tropezarnos a esos abundantes seres que no nos entienden, entonces se nos rasga el alma y todo se  vuelve más difícil y desesperanzador.

Queridos contertulios, el problema no es el amor, es el cómo lo entregamos; seamos juiciosos y sigamos los ejemplos que nos han enseñado… No estregar sentimientos reales dibujemos paisajes superfluos e intrascendentes, entonces conservaremos nuestra salud emocional y de paso le damos al otro lo que le corresponde, finalmente habrá oportunidad de comprobar si amerita amar desenfrenadamente. Pero todo lo hacemos al revés, nos enamoramos y luego comprobamos que el personaje no ameritaba tales esfuerzos.

En fin, aunque doloroso es un gran placer darse por completo, y este venerado amor al cual nos hemos rendido ha dejado grandes heridas, que aunque sanen siempre estarán las cicatrices como evidencia de la capacidad que el creador nos otorgó de sentir con intensidad, entonces la opción que tenemos es procurar una y otra vez, correspondidos o no, SER MELANCÓLICAMENTE FELICES!

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